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sábado, 14 de julio de 2012

El Gran Poder de Dios!!!

Se sabe que llegó al Puerto a finales del siglo XVII, traída de Sevilla por el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Las Breñas (La Palma). El Gran Poder de Dios lleva a su lado dos bellos ángeles que le sostienen los cordones del traje. Fueron realizados por el escultor de Santa Cruz de Tenerife Sebastián Fernández Méndez en 1755, corriendo su policromía a cargo del pintor portuense José Tomás Pablo (1778). Este último artista ya había realizado los dibujos y pinturas del trono del señor en 1752. La peana en que va sentada la imagen es de plata labrada al martillo por el orfebre lagunero Alonso de Sosa y ejecutada en 1753. La efigie del Gran Poder de Dios vino a Canarias en consignación a la isla de La Palma y por descuido de los consignatarios del navio fué desembarcada en Tenerife. Los Palmeros reclamaron en tiempo oportuno la devolución del Santo Cristo, y las tres veces que quiso hacerse el envio de la Imagen a aquella isla hubo que suspender la operación de su embarque a causa de las inesperadas galernas producidas en el Puerto al tiempo de irla a embarcar. La reiteración de tan raras alteraciones atmosféricas y maritimas cada vez que de embarcar a la Imagen se trataba, fueron tomadas por los creyentes del pueblo a desagrado del Santo a que le sacaran de esta isla, y así creyéndolo tambien los dueños de las lanchas, rehusaron, juntos con los marinos, el encargo de embarcarla nuevamente. Entonces se le construyó un magnifico retablo en el que el vecindario empezó a rendirle culto y veneraria. La veneración despertada hacia esta sagrada Imagen del Gran Poder pronto se hizo extensiva a todo el ámbito del Valle, y tal fué la profusión de adeptos atraídos a su culto, que bajaban semanalmente a oir misa de los Viernes innumerables personas de la Villa y Los Realejos. Tambien acudían todos los años infinidad de devotos de todos los pueblos de la isla a acompañarle en las procesiones que se le hacian en los festejos que el pueblo le tributaba por sus días. Cuentan varios testigos presenciales de reconocida seriedad, que en la epidemia de viruelas que azotó a la Villa de la Orotava allá por el año 1874, enfermo un niño del director de la banda local de música, Don Maximiliano Febles Pérez. Este aflijido padre hizo al Santo promesa de sacarle en procesión y acompañarlo en su trayecto, llevando a su hijo consigo, si se lo sacaba en bien del contagio. El niño no tardó en mejorar de las viruelas; el padre, cumpliendo con su deber de sacar al Santo en procesión, dedicó a la efectividad de esta promesa el Domingo del día 28 de Enero de dicho año 1874; y la procesión recorrió sin incidentes el trayecto de Santo Domingo a Santa Barbara. A la vista de los muelles llegó en los precisos momentos que iba a salir una lancha portando su último cargo de vinos a un barco que despachaba Don Tomas Bartlet para Marsella. El marino Manuel (Bonanza) solicitó del patrón que retuviera la salida hasta que pasara "EL VIEJITO". Y el patrón, desatendiendo aquel ruego: -Que viejo ni viejo-contestó-, ¡Boguen que ese es un santo de palo!. La lancha desatracó y todos empezaron a remar. Ya la embarcación a mitad de la bahia surgio una ráfaga de viento que obligó a Don Feliciano Cartaya a usar de todo su poder para que aquella no le arrancara de las manos el estandarte que llevaba. La lancha luchó contra tres furiosas olas que se alzaron oponiendose a su marcha, y al descender de la tercera ingente montaña de agua fué a estrellarse sobre la "baja"; de la salida del muelle, teniendo la mala suerte de partirse en dos mitades. "Bonanza" quedo en pié sobre la "Baja"; los marinos tomarón la tierra a nado; y el patrón fué tragado por el mar. Al darse cuenta la gente que acompañaba al Gran Poder de lo que estaba sucediendo en la bahia se arremolinaron alrededor del Santo y, poniendolo cara al mar, le pidieron fervorosamente que intercediera en favor de todos los que se hallaban envueltos en el naufragio. El mar quedó entonces tan tranquilo como antes de producirse el vendaval. Pero la justicia divina fué inexorable; el cuerpo del Patrón nunca más se volvio a ver. Este notable accidente fué comentado en la isla que atrajo infinidad de personas, aun de los pueblos más lejanos, a conocer sobre el terreno la verdad de lo ocurrido. El romancero de la época Don Antonio Ortíz y López dedicó su númen poético a cantar el episodio en elocuentes décimas que editó y vendió profusamente. Aun latente el recuerdo de esta tragedia del mar en que "EL VIEJITO" hizo sentir su milagroso Poder, advino el cólera a Santa Cruz. Entre las muchas promesas que se hicierón al Gran Poder para que el temible contagío no se extendiera a este Valle, una fué prolongar el recorrido de sus anuales procesiones hasta la extremidad oeste del pueblo. Y por haberse localizado la epidemia en aquel puerto se empezaron a llevar las procesiones del Gran Poder al barrio de San Felipe desde el año 1894 en que se terminó la enfermedad. Hace 110 años saldria por última vez el Cristo a la calle en el mes de Septiembre, sus fiestas fueron decayendo y la devoción popular lo remplazó por el casi recién llegado "GRAN PODER DE DIOS" al que se le imploraba ya más ante las plagas que al propio Cristo de la Salud. Hace 110 años el "GRAN PODER DE DIOS" visitaria los confines de la ciudad por primera vez para otorgar su protección sobre ella. Se sabe que llegó al Puerto a finales del siglo XVII, traída de Sevilla por el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Las Breñas (La Palma). El Gran Poder de Dios lleva a su lado dos bellos ángeles que le sostienen los cordones del traje. Fueron realizados por el escultor de Santa Cruz de Tenerife Se sabe que llegó al Puerto a finales del siglo XVII, traída de Sevilla por el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Las Breñas (La Palma). El Gran Poder de Dios lleva a su lado dos bellos ángeles que le sostienen los cordones del traje. Fueron realizados por el escultor de Santa Cruz de Tenerife

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